Por: Jorge Ledezma
La discriminación racial y la xenofobia no es algo nuevo en Japón, el japonés promedio suele percibir al mundo exterior como un territorio hostil. Viviendo por siglos en una isla hasta hace muy poco virtualmente aislada del resto del mundo, los japoneses nunca se han visto expuestos de manera substancial a las culturas extranjeras.
El racismo en Japón se manifiesta de manera distinta al existente en los países occidentales. Por un lado, el japonés puede comportarse excesivamente amable con los gaijin (como se les denomina a los extranjeros en Japón), por el otro, pueden ser tan rudos como en cualquier otro país del mundo.
Japón es un país que, a causa del acelerado envejecimiento de su población y su baja tasa de natalidad, necesitará en algunos años millones de trabajadores migrantes para poder sostener su economía. Cabe preguntarse: ¿Cómo se adaptará el país a ese repentino y enorme flujo de inmigrantes extranjeros?
El sistema social en Japón se basa en la premisa asumida de la hegemonía y las nociones conservadoras acerca de la pureza étnica permanecen inamovibles. Theodore Bestor, un profesor de estudios sobre Japón en la Universidad de Harvard afirma: “Los japoneses tienden a creer fuerte e inherentemente en que la genética y la biología realmente es importante en términos del comportamiento humano, asi que pienso que los japoneses podrían estar mucho más predispuestos a creer en la base genética de la personalidad que la mayoría de los norteamericanos” (The New York Times).
Es frecuente que los japoneses se paren o cambien su asiento si algún extranjero se sienta junto a ellos en el metro, que se salgan de un baño público si ven entrar a un extranjero y que ignoren a los no-japoneses que les preguntan en la calle por alguna dirección.
Incluso aquellos pueblos que tienen más afinidad racial y cultural con los japoneses son víctimas del racismo, como por ejemplo, coreanos chinos o taiwaneses. La organización sin fines de lucro “Tokio Alien Eyes”, investigó a 57 compañías de bienes raíces en un distrito de Tokio y encontró que el 85 por ciento de dichas compañías rehusaron rentar a estudiantes extranjeros –la mayoría coreanos y chinos-. El fundador de la organización, Fumio Takano afirma que los estudiantes enfrentan situaciones similares de discriminación cuando buscan trabajo.
La constitución japonesa afirma que ningún ciudadano debe ser discriminado en base a “raza, credo, sexo, estatus social u origen familiar”. Sin embargo, el término japonés utilizado para “ciudadano”, kokumin, se refiere exclusivamente a los japoneses.
Como se menciono antes, algunos economistas estiman que en algunas décadas o lustros Japón tendrá que elevar su tasa de inmigración once veces respecto a la tasa actual, con el objeto de contrarrestar la baja fertilidad y el envejecimiento de su población. De no hacerlo, el país seguramente perdería su status como potencia mundial.
sábado, 13 de febrero de 2010
jueves, 11 de febrero de 2010
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